13 jul 2012

Día 29: Monterey - Santa Monica

Hoy teníamos otro Road Day por delante, así que desayunamos bien antes de salir de Monterey, aunque no tan bien como un niño gordo británico con voz de mujer que se comió como veinte tortitas con sirope y bien de mantequilla, mientras su madre lo miraba con orgullo y aprobación. Desde Monterey hasta Santa Monica (L.A.) hay como unos 400 km, dependiendo de qué ruta se escoja. Nosotros cogimos la Pacific Highway (US-1) que va por la costa y, aunque es más lenta y tiene más curvas, tiene unas vistas espectaculares.

Podría ser la playa de los Goonies, aunque no lo es (está en Oregon)
Otra portada de Belle and Sebastian
El día era gris y no había mucho tráfico, así que fuimos disfrutando del paisaje tranquilamente, viendo cómo se sucedían playas desiertas con acantilados. Éste también se convirtió en uno de esos momentos inolvidables del viaje, con el añadido de la nostalgia por ver tan próximo el final. Supongo que si hubiésemos recorrido este camino el primer día y con sol, el recuerdo sería diferente y más alegre, pero así nos tocó a nosotros y así lo recordaremos, y no lo cambiaría. Hicimos una parada en una playa poblada únicamente por decenas de leones marinos en estado salvaje, viendo cómo o duermen o se pelean emitiendo gritos horribles. Recomendaría a todos los que alguna vez tengáis que cruzar esta parte de California que lo hagáis por la US-1, a pesar de que lleve más tiempo, porque realmente merece la pena.

Animales muy violentos, los leones marinos...
Hacia el mediodía llegamos a San Luis Obispo, un pueblo de paso muy tranquilo donde ya empezaba a brillar el sol. Nos comimos un bocadillo en la terraza de un restaurante en el que nos atendió un chaval muy majete. Aprovechamos para repostar y estirar la piernas y afrontamos la última parte del viaje. Este tramo lo hicimos parcialmente por el interior, donde el paisaje es muy mediterráneo, con olivos, vides y árboles frutales. Hacia las 18:00 llegamos a Santa Monica y lo primero que hicimos fue dejar las cosas en el albergue en el que nos íbamos a alojar y aparcar la furgoneta en el parking de enfrente, de hecho la podíamos ver desde la ventana de la habitación.

Adolescentes de los noventa, ¿no os trae recuerdos?
A continuación fuimos a la playa, que está a cinco minutos a pie. Ahí mismo, en el propio muelle, hay un pequeño parque de atracciones que seguro que a los amantes de Los vigilantes de la playa les resultará familiar, puesto que es en esa zona en la que la serie está ambientada. Bajo la vigilancia de unos baywatch menos atractivos que los de la tele, nos dimos un baño en pleno océano Pacífico y comprobamos la fuerza de las olas y el frío del viento que te azota al salir. Conclusión: la tele es mentira, no hace ningún calor allí. Después del baño fuimos dando un paseo por Venice Beach, viendo el gimnasio callejero y a gente patinando y andando en bici.

Last sunset in California
Después de habernos desperdigado durante un rato, nos volvemos a juntar y empezamos a buscar un sitio para cenar. Santa Monica es una especie de lugar de marcha un poco peculiar. Se ven grupos de chicos y chicas jóvenes muy arreglados con ganas de emborracharse. Hay restaurantes, bares de marcha y discotecas con un ambiente un poco pijo-lowcost. No sé si me explico... Bueno, el caso es que al final acabamos cenando en un restaurante mexicano y pedimos comida como para nosotros seis y nuestras familias.

Al volver al albergue fuimos a una sala en la que estábamos nosotros solos y Fer nos grabó respondiendo a preguntas sobre el viaje, tipo entrevista, con la intención de montar un vídeo a la vuelta (atención a los extras en este mismo blog). Estuvimos allí un rato, puesto que fuimos poniéndonos todos delante de la cámara, hasta que nos fuimos a las habitaciones, chicos por un lado y chicas por otro. Nosotros estábamos en una con otras cuatro personas, una de las cuales era un viejo asqueroso que dormía en calzoncillos abanderado clásicos, destapado por completo y mirando el móvil todo el rato, con pintas de pederasta (de hecho, le bautizamos como "Pede"). Muy asqueroso el tío. El caso es que aquélla fue nuestra última noche en suelo americano, y además iba a ser muy corta puesto que había que madrugar mucho para llevar a las chicas al aeropuerto.

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