15 jul 2012

Día 30: Santa Monica - Barcelona

El último día en Estados Unidos nos despertamos muy pronto, hacia las 5:30 de la mañana, porque teníamos que ir al aeropuerto a dejar a las chicas. Ellas cogían el avión a primera hora de la mañana, mientras que el nuestro salía por la tarde, así que les dejamos en la puerta y nos despedimos de ellas hasta el día siguiente. Nosotros volvimos al albergue a desayunar, cosa que hicimos con calma, y a continuación nos fuimos a dar un paseo por Venice Beach, que estaba lleno de puestos vendiendo chorradillas: colgantes, camisetas, discos, muebles... con un ambiente un poco extraño, pero muy divertido. Fuimos hasta el gimnasio callejero, pero no había mucha gente haciendo ejercicios. Al cabo de un par de horas de paseo, decidimos volver a por la furgoneta y tirar hacia el aeropuerto. Antes de entrar, dejamos la furgo en Dollar, y después de despedirnos de nuestra inseparable compañera de viaje, entramos al aeropuerto.

Las cuchillas de afeitar esperaban a Fer y a Chino...
El avión tenía cierto retraso, así que los de la compañía nos dieron un ticket gratis para comer y nos lo gastamos en un helado gigantesco. Estábamos sentados en uno de los restaurantes del aeropuerto y hacía un buen rato que veíamos una mochila abandonada junto a nosotros, y nos estábamos mosqueando un poco, así que acabamos por avisar a la policía, para que le echaran un ojo. Como buenos cobardes que somos, tras avisar nos fuimos a la otra punta del aeropuerto, y ya no supimos nada más. Yo quiero pensar que salvamos la vida de miles de personas...

El caso es que hacia las 19:00 nos montamos en el avión. Teníamos 11 horas por delante hasta Düsseldorf, y luego otras 2 hasta Barcelona. El vuelo se hizo bastante pesado, pero finalmente llegamos a nuestro destino. Eran ya las 19:00 del día 31 de julio y recuerdo que fue una sensación agradable volver a estar cerca de casa. Aquella noche nos volvimos a juntar los seis y cenamos en un bar cercano a casa de Fer y Eva. Pasamos la noche en Barcelona y a primera hora del día 1 de agosto cogimos el tren que nos llevaría a Pamplona. A las 13:08 estábamos de nuevo en la estación en donde, un mes atrás, había comenzado nuestro viaje. Como dijo Bunbury: "al final, para un hombre de mundo, es muy exótico volver al hogar".

Se acabó lo que se daba. Vuelta al hogar.
Habían pasado 30 días, en los que habíamos visitado 9 estados, dormido en 15 alojamientos distintos, recorrido más de 4000 km en furgoneta, bañado en el Atlántico, el Pacífico, ríos, piscinas y lagos, sacado más de 1300 fotos, cogido 6 aviones, bebido muchos litros de cerveza, visto conciertos, películas y partidos de baseball. Habíamos conocido un país enorme, nos conocimos un poco mejor a nosotros mismos, lo pasamos genial, aprendimos mucho. Ha pasado casi un año desde que volviésemos y creo que no ha habido ni un solo día en el que no haya recordado algún momento del viaje, la aventura duró 30 días pero los recuerdos serán para siempre...

P.D.: y mañana... ¡no os perdáis los contenidos extras!

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