2 jul 2012

Día 23: June Lake - Oakdale

Finalmente, no nos comió ningún oso y pasamos una noche de lo más tranquila en aquel bungalow en medio del monte. Se notaba que estábamos en una zona más templada y de mayor altitud, pues por fin sentíamos el fresquete mañanero mientras tomábamos un café aguado en el porche escuchando los gritos de una vieja loca que decía que hacíamos mucho ruido.
Entrada este al parque, ¡con nieve en las cumbres!
Cuando ya estábamos listos, nos montamos en la furgo y nos dirigimos hacia el Parque Nacional de Yosemite (pronúnciese yo-sé-mi-ri). En pocos minutos estamos en la puerta de entrada y nos sorprende un enorme atasco de coches. Es un sábado de julio, y estamos en uno de los principales puntos de interés turístico del país, por lo que los coches se acumulan en la entrada. Con paciencia y buen humor acabamos entrando en el parque y enseguida nos damos cuenta de que en un día apenas vamos a poder abarcarlo. Se trata de una extensión de unos 150km de largo por 100km de ancho, con muchísimas rutas alternativas y los enclaves más solicitados bien dispersos por todo el terreno. Además, más allá de las vistas el parque ofrece un montón de actividades para disfrutarlo en profundidad: escalada, rutas en bici, senderismo, rafting... Si alguien está pensando en visitar Yosemite mi consejo es que alquile una caseta en alguno de los muchos campings que hay dentro del propio parque y que pase allí varios días para así poder disfrutarlo en toda su amplitud.

El Capitán.
Una vez que accedimos por la entrada este (habiendo asumido ya que lo cruzaríamos de este a oeste sin llegar a profundizar en él), tomamos la carretera 120 y fuimos adentrándonos en la espesura. Insisto en que el parque, de primeras, puede resultar abrumador dadas sus dimensiones, además, al revés que en otros parques nacionales, aquí sí que está permitido moverse con el vehículo propio (y curiosamente, fue el único en el que tuvimos que hacer colas). Tras ir avanzando durante un buen rato y haciendo paradas para sacar fotos de los impresionantes paisajes, acabamos llegando al Yosemite Village, que es el centro del parque, y donde está el centro de visitantes, desde el cual surgen las principales rutas para excursionistas.

Pinos, robles, granito, cascadas, ríos...
Desde allí fuimos caminando un rato viendo las impresionantes cascadas, las cimas de granito y los bosques de robles. No me extraña que este paisaje resultara la inspiración de Ansel Adams, de quien por cierto, compramos una lámina en la galería que lleva su nombre. También tuvimos tiempo para pararnos un rato en una playa de césped junto al río y bañarnos en el agua más fría de todo el viaje. Las vistas de las principales montañas del parque son dignas de verse. Los fans del Gran Turismo disfrutarán viendo El Capitán, y el Half Dome no dejará indiferente a los amantes de la escalada. Os recomiendo ver este vídeo en el que Alex Honnold escala su pared vertical de más de 600m sin cuerdas.

Teníamos intención de dirigirnos a la salida sur, donde está el parque de las secuoyas, pero no calculamos bien el tiempo y nos dimos cuenta de que iba a resultar imposible, así que decidimos abandonar el parque al final de la tarde por la salida oeste. Sentí una cierta frustración por no haber podido explorar el parque más detenidamente, habiendo reservado una cabaña en su interior para practicar todas las actividades propuestas. De todas maneras, me alegro de haber podido verlo y, al menos durante un día, haber formado parte de aquel majestuoso paisaje.

Lástima no poder captar el ruido del agua
Prados y montañas
El Half Dome, la mayor pared de granito del país.
Nuestro próximo destino sería la ciudad de San Francisco, pero no teníamos intención de llegar aquella misma noche, así que decidimos parar en algún pueblo de camino y dormir en un motel. Según nos alejábamos de Yosemite veíamos cómo el paisaje se iba haciendo más mediterráneo, ya que éste es el clima típico de gran parte del estado de California. Decidimos parar y preguntar en Oakdale, un pueblo de paso a medio camino entre el parque y San Francisco. Tras un par de negativas, alquilamos una habitación (también para cuatro personas) en un motel con una pinta aceptable, y con una piscina muy sórdida en medio del parking. Con las cosas en la habitación, dimos una vuelta por el pueblo buscando algún lugar para cenar, y finalmente aquel amable payaso con nombre escocés que tantas veces nos ayudó en la primera mitad del viaje, volvió a suministrarnos comida de calidad media-baja a un precio de sobra conocido y consensuado.

Aquella noche tuve por primera vez la sensación de que el final del viaje estaba cerca. Todavía nos quedaba una ciudad increíble por descubrir, pero el escaso espacio en la tarjeta de memoria de la cámara me decía que llevábamos mucho más de lo que faltaba. Antes de dormir nos enteramos de que había muerto Amy Winehouse y de algún otro escándalo del señor Camps. Qué lejos quedaba todo desde nuestra despreocupación...

2 comentarios:

  1. Por curiosidad ¿a cuánto va el Big Mac Index por aquellos lares?

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  2. Pues no te sabría decir exactamente el precio del Big Mac, pero creo recordar que era ligeramente más barato que aquí...

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