12 jul 2012

Día 28: San Francisco - Monterey

El jueves 28 nos tocaba abandonar la maravillosa ciudad de San Francisco, quién sabe si para siempre... El caso es que tras el desayuno fuimos a recoger la furgo del parking en el que la habíamos dejado hacía cuatro días y nos pusimos rumbo al sur. Nos dirigíamos a la pequeña ciudad costera de Monterey, a unas dos horas de trayecto. De camino entramos en la zona universitaria de Stanford, en Palo Alto, con la esperanza de ver Google, a Mark Zuckerberg o a Bill Gates, pero no lo conseguimos, por lo que continuamos el viaje hacia nuestro destino.

Al poco tiempo llegamos a Monterey. Es una pequeña ciudad costera muy tranquila, aunque atrae bastantes turistas al cabo del año debido, principalmente, al acuario y a la cercanía del circuito de Laguna Seca. Nos alojábamos en el HI Monterey, un albergue muy del estilo del que veníamos, pero más pequeño y tranquilo, también con cocina, zonas comunes y una habitación muy grande en la que dormíamos los seis, junto con otras dos personas. Comimos en la parte trasera del albergue nuestros últimos sandwiches del viaje y después nos dirigimos al acuario.





Peces y más peces (y algún pájaro) en el acuario de Monterey
El acuario de Monterey es realmente espectacular y creo que merece la pena pagar los 34$ que cuesta la entrada. Para empezar, tiene ese carácter didáctico del que hablaba en los museos Smithsonian en Washington y el museo de la Ciencia de Chicago. Hay una cantidad de animales marinos enorme, y no sólo peces, sino que también hay pingüinos, flamencos y otras especies más que viven próximas al agua. Por otro lado, hay proyecciones, juegos y una parte dedicada a la concienciación sobre el respeto al medio ambiente. La gran pega desde mi punto de vista es que no hay ningún tiburón blanco vivo, que era lo que más ganas tenía de ver, pero nos dijeron que habían tenido uno hacía tiempo pero que comía tanto que resultaba carísimo mantenerlo. Pasamos allí casi toda la tarde, hasta que cerró sus puertas y tuvimos que salir por narices. A Miriam casi le tienen que sacar los de seguridad a rastras porque estaba disfrutando la visita más que nadie...

Una vez fuera, nos dimos una vuelta por el pueblo a pesar de que hacía bastante frío. A mí me recordaba a algún pueblo de las Landas francesas: turístico pero sin haberse vendido, manteniendo un clima tranquilo y sin grandes complejos hoteleros ni edificios altos. Estuvimos buscando alguna tienda donde comprar algo a nuestras familias (ahora que se terminaba el viaje caíamos en la cuenta de que teníamos esa tarea pendiente) y fuimos a tomar algo. Poco a poco fuimos volviendo hacia el albergue porque realmente no había mucho que hacer allí.
Un pueblo tranquilo
Acabamos nuestras últimas provisiones preparando la cena: pasta con tomate y atún. El ambiente del comedor era muy distinto al de San Francisco, mientras en aquel había siempre mucho alboroto y gente joven, éste era más familiar y todo el mundo estaba en silencio mirando sus ordenadores o leyendo. De todas maneras, nosotros montamos una timba de black-jack después de cenar recordando a nuestro querido crupier de Las Vegas, Larry.

El hecho de dormir todos juntos siempre está bien, a pesar de compartir habitación con las hijas de Zapatero y sus ronquidos. A pesar de todo, fue una penúltima noche tranquila...

2 comentarios:

  1. "a pesar de compartir habitación con las hijas de Zapatero y sus ronquidos" ¡¡Jostias cómo me he descojonado!!
    He flipado con las fotos, ¡están guapísimas! La próxima vez que nos veamos, te pediré que me pases las que has ido poniendo en er blós.
    El acuario merece de largo los 34$; nos volvieron a demostrar lo buenos divulgadores que son: no había tiburón blanco, pero la historia de cómo lo habían tenido fue casi como bucear con él.

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  2. Lo malo de aquel vídeo sobre el tiburón era que pretendía hacernos ver que es un animal bueno y noble, cuando lo que mola de él es todo lo contrario: que es una despiadada máquina de matar!!

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