1 jul 2012

Día 22: Las Vegas - June Lake

El día 22 fue duro, muy duro. A las 8:00 teníamos que salir del hotel y ponernos rumbo al Parque Nacional de Yosemite, lo cual no hubiese sido tan traumático si no hubiésemos tenido aquella persistente resaca, la cual se cebó especialmente en el sector masculino del equipo. Teníamos que hacer honor a la película, estaba en el guión. El caso es que, penosamente y con gafas de ver (no de sol), nos pusimos en marcha. Hoy le tocaba conducir a Miriam, así que agarró el volante y se dispuso a conducir durante muchas horas, ya que nuestro destino se encontraba a unos 500 km.

Eva, patrocinada por Coca-Cola
Mientras dábamos vueltas para salir de Las Vegas (a pesar de que Miriam es una estupenda conductora, las autopistas de 7 carriles no resultaron fáciles de sortear), nos dimos cuenta de que hay más vida más allá de The Strip, y es una ciudad real, con colegios, hospitales, parques y zonas residenciales. Finalmente, pudimos encontrar el camino de salida de aquel laberinto de asfalto y empezamos a adentrarnos en el desierto. A los pocos kilómetros paramos en un área de servicio para desayunar. Al seguir dentro del estado de Nevada, donde el juego está permitido, hasta la gasolinera estaba llena de máquinas tragaperras. Nos sentamos y pedimos unos platos combinados bien calóricos y los comimos rodeados de militares, ya que estábamos muy cerca de una base del ejército. Cometí el error de volver a la furgoneta sin haber pasado por el baño...

El paisaje era desolador, desierto a ambos lados. Durante un rato estuvimos pensando en desviarnos un poco del camino más directo y atravesar el Death Valley (una zona que está por debajo del nivel del mar y donde se han localizado las máximas temperaturas en la historia del país), pero finalmente decidimos esquivarlo y seguir recto. Mi aparato digestivo estaba pidiéndome a gritos finalizar su proceso natural, pero en medio del desierto las áreas de servicio no abundan, así que tuve que hacer un increíble ejercicio de autocontrol hasta que, milagrosamente, vislumbramos un pueblo perdido de carretera con el mejor baño de todo el estado (perdón por el escatológico episodio, pero una crónica realista de mi viaje a Estados Unidos no podría obviar este momento de sufrimiento extremo).

Vegetación, montañas, aire fresco... Goodbye Mojave!
El desayuno había sido potente, por lo que no fue necesario parar para comer y pudimos continuar el viaje enlazando la mañana con la tarde. Según avanzábamos, veíamos cómo el paisaje iba cambiando y el desierto iba remitiendo, dando lugar a una mayor vegetación. Incluso se veían altas montañas con nieve a lo lejos.

Hacia media tarde habíamos llegado a las inmediaciones de Yosemite, ya en el estado de California. Al ser viernes, la ocupación hotelera era muy alta y no habíamos reservado nada, así que no fue fácil encontrar un sitio donde dormir. Dimos bastante vueltas y visitamos varios campings y moteles cercanos al parque, sin suerte hasta que en uno de ellos, una señora nos propuso que volviésemos unos pocos kilómetros hacia atrás hasta llegar a una especie de motel rural en el que podían tener alguna habitación disponible. Y eso hicimos.
June Lake, la recompensa a un duro día
El motel estaba junto al June Lake, en un entorno espectacular donde volvimos a sentir el fresco. Nos alquilaron un bungalow para los seis y además teníamos una piscina climatizada prácticamente para nosotros solos. El duro día acababa de una manera inmejorable. Antes de cenar, decidimos acercarnos al lago y darnos un baño mientras el sol se iba metiendo. El agua estaba fría, pero de nuevo aquel fue uno de esos momentos mágicos del viaje que resultarán difíciles de olvidar. Tras el baño, fuimos a la piscina del motel y nos dimos un baño, solos los 6, en agua caliente. La verdad es que no nos merecíamos semejante recompensa, pero así es la vida...
Fer, luciendo moreno-paleta en June Lake
Tras la sesión relajante, fuimos al bungalow y nos preparamos algo para cenar: sopa de sobre, nachos con salsas y yogur. Estuvimos viendo un rato CSI en la tele, pero en seguida nos entró sueño y fuimos a dormir. Nos habían avisado de que los osos acostumbran a bajar hasta el parking a buscar comida, por lo que no es conveniente dejar comida en los maleteros. El grosor de las paredes hizo que no durmiese muy tranquilo sabiendo que había osos rondando por ahí afuera...

Billar, piscina climatizada... Dios existe

2 comentarios:

  1. Eva está de anuncio total en la primera foto.
    Menudo final de día, perretes! Esas sensaciones y esos recuerdos son siempre lo mejor de un viaje.

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  2. Ya te digo, a veces recuerdas mejor un pequeño detalle que un monumento o incluso una ciudad...

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